La Coronilla a la Divina Misericordia es una oración muy particular. En primer lugar, es una de las pocas oraciones que han sido dictadas directamente por el propio Jesús. Además, se reza con un rosario común; de hecho, su estructura es muy similar a la oración del Rosario, solo que es más breve, por lo que se llama “Coronilla”.
Por último, pero no menos importante, Jesús prometió muchísimas Gracias a quienes recen la Coronilla a la Divina Misericordia.
La oración de la Coronilla a la Divina Misericordia se ha difundido mucho desde que el Santo Padre Juan Pablo II instituyó en el año 2000 la fiesta de la Divina Misericordia el primer domingo después de Pascua.

También el Papa Francisco estaba muy unido a esta oración y, durante el periodo de la pandemia debida al coronavirus, la recomendó entre las oraciones a rezar por los enfermos y por quienes luchaban contra la pandemia. Pero, ¿cómo nace esta oración?

Historia de la Coronilla a la Divina Misericordia

Como decíamos, la oración de la Coronilla a la Divina Misericordia fue dictada por el mismo Jesús a Santa Faustina Kowalska en 1935 mientras se encontraba en Vilna. Santa Faustina Kowalska, como ya sabrán, tuvo muchísimas visiones de Jesús a lo largo de su vida. En una de las más importantes, Jesús le pidió que hiciera pintar una imagen Suya y que fuera venerada, mientras que en 1935 dictó a Santa Faustina Kowalska la Coronilla.
Según algunas versiones, Santa Faustina recibió la Coronilla en dos días.

Santa Faustina

En el primer día, el 23/09/1935, durante una visión, vio a un Ángel de Dios a punto de castigar la tierra. En el corazón de la Santa, por inspiración de Dios mismo, surgió la oración:

“Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero; por Su dolorosa Passión, ten misericordia de nosotros.”

Gracias a esta oración, el Ángel que veía en su visión no pudo castigar la tierra.

Al día siguiente, al ir a la capilla a rezar, escuchó las palabras de Jesús que le confirmaban que la oración que había sentido en su corazón había sido inspirada por Él mismo y añadió las instrucciones para el rezo de la Coronilla a la Divina Misericordia.

Cómo se reza

Para rezar la Coronilla a la Divina Misericordia se puede utilizar un Rosario común. Se comienza con tres oraciones:

  • Padre Nuestro
  • Ave María
  • Credo

Sucesivamente, en las cuentas grandes (aquellas en las que generalmente se dice el Padre Nuestro) se reza:

“Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo y Señor Nuestro Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero.”

En las cuentas más pequeñas (las que están en grupos de 10 donde generalmente se reza el Ave María) se reza en cambio:

“Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.”

Al final, se reza tres veces:

“Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.”

Finalmente, una vez:

“Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús como fuente de misericordia para nosotros, en Ti confío.”

Algunas reflexiones sobre la Coronilla a la Divina Misericordia

En esta oración, Jesús nos invita a orar al Padre recordándole el sufrimiento y la Pasión de su Hijo.

En particular, la parte donde se reza: «Por SU dolorosa Pasión, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero» me es particularmente querida. La encuentro muy interesante y hermosa.

En esta breve oración hay mucho. Y, en mi opinión, debemos reflexionar sobre el «SU»; a menudo muchos se equivocan y dicen: “por TU dolorosa…» ¡NO! ¡Es “SU!” En esta oración, Jesús nos invita a dirigirnos al Padre y nos invita a recordarle al Padre lo que hizo (Jesús, el Hijo) por todos nosotros. Nos invita a repetir continuamente al Padre que se acuerde de la Pasión de su hijo. Y nos recuerda que Él (Jesús) es el medio para salvarnos, el medio para la MISERICORDIA. Su dolorosa pasión es para salvar a todas las almas. Jesús viene a la tierra para ofrecerse en sacrificio y salvarnos a todos. Esto es lo que debemos recordar continuamente al Padre y lo que debemos recordarnos a nosotros mismos. «Padre nuestro, acuérdate del sufrimiento de tu Hijo y por este sufrimiento, por esta sangre y esta agua derramada, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero.»

Casa de Santa Faustina en Vilna (Lituania)

Las gracias para quien la reza

Personalmente, considero que la Coronilla a la Divina Misericordia es uno de los más grandes dones en la historia de la humanidad que Jesús ha hecho a los hombres. Esta oración es una auténtica tabla de salvación para todos nosotros. Gracias a esta oración descubrimos la infinita Misericordia de Dios y descubrimos que todos nosotros, independientemente de lo que hayamos hecho en la vida, podemos acudir a Jesús con la seguridad de que seremos perdonados. Obviamente, debemos acercarnos a Jesús con sinceridad y verdaderamente arrepentidos de nuestros errores (¡en este paso son fundamentales algunos Sacramentos!).

Sé de muchísimas personas que se afligen por algunos errores que han cometido en su vida y están seguras de que nadie podrá perdonarlas, ni siquiera Dios mismo. Por este motivo se alejan de todos, de Dios y de la Iglesia. La tarea de nosotros, cristianos católicos, es llevar el mensaje de que Dios es Misericordia y que la Misericordia de Dios es infinita!

«¡Oh, qué grandes gracias concederé a las almas que recen esta coronilla (…)!»

Les transcribo a continuación una parte del diario de Santa Faustina donde Jesús habla de las Gracias que concede a quienes la recen. ¿Cómo es posible no conmoverse ante tales palabras?

«…Por el rezo de esta coronilla me complace conceder todo lo que me pidan. Si la recitan pecadores empedernidos, colmaré de paz sus almas, y la hora de su muerte será serena. Escribe esto para las almas afligidas: cuando el alma ve y reconoce la gravedad de sus pecados, cuando se revela ante sus ojos todo el abismo de miseria en el que se ha precipitado, no se desespere, sino que se arroje con confianza en los brazos de Mi Misericordia, como un niño en los brazos de su madre tiernamente amada (…) Proclama que ninguna alma que ha invocado Mi Misericordia ha quedado defraudada ni confundida. Tengo una predilección particular por el alma que confía en Mi bondad. Escribe que cuando se rece la coronilla junto a los agonizantes, me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como justo Juez, sino como Salvador misericordioso» (Diario, 1541).

“En la hora de la muerte defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla, o bien cuando otros la recen junto a un agonizante, y obtendrán para el agonizante el mismo perdón. Cuando junto a un agonizante se reza esta coronilla, se aplaca la ira de Dios y la inescrutable Misericordia envuelve al alma” (Diario, 811).